IDENTIDAD

Artículo 1 La Vocación

La congregación de los Rogacionistas del Corazón de Jesús es un Instituto Clérico Religioso de vida apostólica y derecho pontifical. Nosotros queremos dedicarnos con el nuevo y el título especial de construir la Iglesia y la salvación del mundo, caminando hacia la perfección de la caridad en el servicio del Reino de Dios  (P.I, C.I, p.13).

VIDA ESPIRITUAL ROGACIONISTA

Artículo 10 En el seguimiento de Jesús

El seguimiento de Jesucristo, como es propuesto en el Evangelio, es nuestra regla suprema de vida. Fascinados por el Maestro Divino, nosotros dejamos todo por Él (cf. Mt. 4: 18-22; 19:21.27; Lc. 5:11) y lo preferimos a todas las cosas a fin de que participemos completamente en su misterio pascual (P. I, C. II, p. 18).

VIDA CONSAGRADA ROGACIONISTA

Artículo 27 Consagración Rogacionista

La respuesta a Cristo quien llama para seguir la manera abierta por San Aníbal María nos obliga a atarnos a nosotros mismos por un voto público en observancia de los tres consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia y, por el cuarto voto, para obedecer al comando del Rogate. Por lo tanto, por medio del ministerio de la Iglesia, nos consagramos nosotros mismos a Dios a quien amamos con todo nuestro corazón, con toda nuestra mente y con toda nuestra fuerza (cf. Dt. 6:4-5; Mc. 12:29), y llegar a ser miembros vivos de la Congregación de los Rogacionistas con derechos y deberes de acuerdo a la ley universal y propia (P. II, C. II, p. 29). 

Aníbal María di Francia

Aníbal María Di Francia nació en Messina el 5 de julio de 1851, en el seno de una familia noble. Sus padres fueron Anna Toscano y Francisco Di Francia, marqués de S. Caterina dello Ionio, Vicecónsul Pontificio y Capitán Honorario de la Marina. Aníbal quedó huérfano de padre a los quince meses de nacido, de ahí su futura predilección por los niños huérfanos. Desde su juventud tuvo una marcada experiencia eucarística, en donde descubrió su pasión por la oración y el sacrificio, especialmente en favor de las vocaciones. 

Aníbal se sintió llamado a consagrar su vida al ministerio sacerdotal. Fue ordenado el 16 de marzo de 1878. Con el consentimiento de su Obispo, fue a habitar a una de las zonas más deprimidas de la ciudad de Messina, las Casas de Aviñón, y se comprometió en la redención de los mendigos que ahí vivían. Fue una experiencia marcada por fuertes incomprensiones, dificultades y hostilidades de todo tipo, sin embargo, no se desanimó y siguió trabajando en lo que el creía era una llamada de Dios: evangelizar a los más pobres. En 1882 fundó su primer orfanato, dedicado a san Antonio de Padua, por ello, fueron los niños del lugar eran llamados los antonianos. No solo preocupó por ofrecer el alimento material y el trabajo, sino y, sobre todo, la de educar de forma integral a la persona teniendo en cuenta el aspecto moral y religioso, en un clima de familia, que favorecía el proceso formativo de los jóvenes para hacerles descubrir y seguir el proyecto de Dios.
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TESTIMONIOS

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